dimecres, de gener 18, 2006

Discúlpenme...

Pero actualmente estoy demasiado ocupado haciendo nada.

diumenge, de desembre 25, 2005

Felís Navidá


Próspero año y felisidá...


Pos eso.

divendres, d’octubre 21, 2005

Reflexiones sobre arte (II)

Un primer acercamiento al arte lo hice a partir de una obra concreta de Rembrandt que me produjo una determinada impresión. Ahora pretendo lanzar una reflexión a un nivel más teórico y genérico. Lo primero que toda persona debería hacer al pretender aproximarse al estudio (y aquí no me refiero al significado estrictamente académico del término) del arte es el preguntarse qué es el arte, y eso es lo que pretendo hacer ahora.

¿Qué es el arte? O quizás lo mejor sería preguntarse cuándo hay arte. Creo que esta es una de las preguntas claves en la teoria del arte pero al mismo tiempo es uno de esos casos aparentemente, y de facto, irresolubles. La primera y obligada aproximación debe ser de carácter etimológico e historiográfico. Arte es un vocablo adaptado del latín Ars que a su vez era una adaptación del término griego Tekné. El término en su origen designaba a toda producción que el hombre hacía a través de una técnica determinada. En ella tenían cabida desde el peluquero al poeta pasando por todos los oficios artesanales (alfareros, carpinteros, sastres...) hasta aquellos de oficios más "liberales" como los actores. Es con posterioridad que las artes se jerearquizan hasta el extremo de llegar a eliminar del grupo a determinadas prácticas artesanales. Evidentemente el proceso es largo, miles de años, pero implacable.

Vemos entonces que en sus inicios el campo del arte gozaba de una amplitud bárbara. Quizás el punto de inflexión hacia la jerarquización de las artes se produce en el llamado Renacimiento italiano y culmina en el racionalismo francés del siglo XVIII. El humanismo constriñe al arte, terminológica y teóricamente hablando, lo encorseta y lo jerarquiza. Arte y artesanía inician su separación acompañado al mismo tiempo de una distinción cualitativa, en cuanto a valor socio-cultural se refiere. La cosa mentale junto con la mano guiada por el intelecto de Miguel Ángel son el detonante de esta separación, de lo puramente manual de aquello que se empezaba a reclamar como más estrictamente intelectual. El arte empezaba a dejar de ser técnica para convertirse en algo más intelectual. Paulatinamente este abismo se ensancha y se hace más profundo, los talleres dan paso a las academias y el auge de la Razón acaba socabando definitivamente a la atesanía y jerarquizando aún más a las artes entre sí. Arquitectura, escultura y pintura se erigen en el triunvirato reinante en las artes hasta entrado el siglo XIX. Se pasa así de una concepción extremeadamente abierta del arte a una concepción mucho más concreta de lo que es el arte.

A partir del XIX el debate sobre qué es el arte se dirige hacia un camino mucho más pantanoso que el precedente. El dilema a partir de ahora no será tanto por la técnica usada como por aquello que se representa. En este punto la inflexión viene de la mano de Hegel que es el primero en anunciar la muerte del arte. Esa paulatina intelectualización del arte lleva al desborde de la idea, del concepto, el arte pretende ir más allá de la simple representación para convertirse en concepto. Para Hegel en este punto el arte deja de ser tal para convertirse en algo más cercano a la filosofía. El arte deja de ser tal: muere. Después de Hegel vendrán muchos más a anunciar la muerte del arte como, por ejemplo, A.C. Danto.

Hemos pasado pués a ver el arte como un cuerpo genérico, casi ilimitado, a otro mucho más limitado para, finalmente, ver su desaparción. Del todo a la nada. Un proceso menguante hasta la desaparición total.

¿Qué es el arte entonces? ¿Cuándo hay arte? ¿Existe el arte hoy día? La respuesta, a mi entender, es tan sencilla como ambigua. El arte es lo que cada uno quiera entender como tal. Los argumentos seran siempre válidos se tome la posición que se tome. Si uno entiende el arte como algo genérico defenderá que cualquier representación artística que se presente como tal lo será independientemente de cualesquiera sean sus valores. Otro defenderá, también con argumentos válidos, una postura más reduccionista del arte en base a determinados parámetros o valores, ya sean por inclusión o exclusión. Sólo así se entiende que hoy dia se valore por igual, como objeto artístico, Las Meninas de Velázquez y La mierda de artista de Manzoni.

La estéril discusión esta ya servida: ¿Qué es el arte?

dissabte, de setembre 10, 2005

La muerte tenía un precio

Exactamente 299 €, que es lo que me ha costado mi nuevo monitor después de que la muerte le sobreviniera al que tenía. Bueno, 19" pulgadas de cristal líquido para ver mejor las pelis, el foro, el blog propio y los ajenos, las wés y todo el etcétera que aquí convenga. También me ha servido para darme cuenta que el radioblog, en según que resoluciones podía invadir el área de los "artículos". Después de utilizar el método científico (debido a mi total desconocimiento de html), el sistema hipotético-deductivo en este caso, creo que he conseguido instalar el radioblog en una de las columnas laterales por lo que ya no invadirá nunca más el espacio reservado al texto.

Si a alguno de los incautos que tienen a bien dejarse caer por aquí de vez en cuando les sigue dando algún problema el radioblog de marras agradecería que me lo hiciera saber.

Un saludo.

diumenge, d’agost 28, 2005

Impresiones Improvisadas Imprevistas, Op. 34

GUILLERMO: No entiendo como los antiguos griegos podían disfrutar de algo tan grotesco como el espectáculo de los histriones. Debían ser, sin duda, personajes de lo más aborrecibles.

ENRIQUE: No lo creas. Yo mismo anhelo que hoy día no existan espectáculos de este calado.

G: ¿Cómo puedes decir esto? No pensaba que alguien con tu gusto y educación pudiera gustar de tan burdo espectáculo. Pensaba que, al igual que yo, disfrutabas de los espectáculos más sutiles y sofisticados.

E: Y lo hago también. Pero es que por mucho que lo creas no son ambas disciplinas reñidas, opuestas quizás, pero, como en una moneda, son dos caras de una misma cosa.

G: No te entiendo. Te ruego que te extiendas en ello un poco más.

E: Amigo mío todo espectáculo, más allá de dónde le conduzca el argumento, termina hablando sobre el hombre mismo. Es esto algo intrínseco e indefectible en todo espectáculo; y en toda expresión artística incluso. El histrión, como el bufón posteriormente, muestra una parte que, por pudor y cierto decoro, por lo general tiende a esconderse. Es esta falta de escrúpulos, esta vulgaridad lo llamarías tú querido Guillermo, lo que más ofende, y lo hace porque muestra con total desnudez cómo somos realmente todos nosotros. Y eso cuesta de aceptar.

G: Lo siento, amigo mío, pero no creo que un histrión muestre como soy yo. De ningún modo.

E: Ya te he dicho que cuesta de aceptar y más para gente con tantos prejuicios como tú… o como yo.

G: Te vuelves a equivocar, yo no soy para nada prejuicioso.

E: Lo eres. Tanto como yo lo soy también, así como toda persona que se precie de serlo lo es. Sólo, y tal vez, algún tipo de enfermo mental pueda ser el único capaz de no tener prejuicio alguno y todo debido a su peculiar naturaleza.

Además de prejuicioso te diré que eres encima, en ciertas ocasiones, también un histrión. Con el agravante añadido que tú haces fuera del escenario lo que estos hacen dentro.

G: No entiendo a que vienen ahora estos insultos. ¿Que te hace decir que soy tanto prejuicioso como un histrión?

E: Te voy ha hacer un poco de memoria para que lo entiendas, espero que no tergiverses, en tu defensa, los hechos que voy a recordarte seguidamente.

G: No lo haré, lo prometo. Continúa.

E: ¿Recuerdas hace un par de semanas mientras dábamos un apacible paseo de los que acostumbramos a dar los días que el clima, por lo general poco generoso, nos lo permite como te enfrascaste en una disputa por un presunto robo a una señora?

G: Perfectamente. Y por lo que creo recordar no tubo nada de presunto.

E: Recuerdas mal entonces. Te esbozaré de nuevo la situación para refrescarte lo acontecido. En un momento de nuestro paseo por el bulevar fuimos alertados por unos gritos que se producían unos metros más allá de dónde nos encotrábamos y presos por la curiosidad, más que por el afán de poder ayudar, nos dirigimos allí para ver lo que sucedía. Allí, alrededor de unos cuantos ciudadanos más que los rodeaban había una dama elegantemente vestida y un joven que, a juzgar por como iba vestido y por las manchas de tinta que lucía, podría bien trabajar en una imprenta o taller similar. El suceso que los envolvía fue un presunto robo por parte del joven a la dama del elegante vestido. Recuerdo como llevado por las increpaciones que le propinaban tanto la señora como el resto de los allí presentes y guiado por tus PREJUICIOS te pusiste a increpar vehementemente y a lanzar discursos, ya ajados, sobre la moralidad y la falta de ésta en los tiempos que corren al joven que SUPUESTAMENTE había sustraído una suma de dinero del bolso de la gentil dama. En aquel instante tus gestos y tu declamación eran dignos del más histriónico de los histriones que podría haber existido nunca en la Antigua Grecia.

G: Creo que exageras en tu descripción de mi actitud.

E: Te he pedido, y así lo has prometido, que no tergiversaras lo acontecido en tu defensa y ahora es lo que estás empezando a hacer.

G: Está bien. Acepto que aquel día mi afectación fue especialmente expresiva, pero lo cierto es que la ocasión no merecía menos; se trataba de un robo y agravado por el hecho que era un joven fornido y aquella delicada señora no podía hacer nada en su defensa ante aquella afrenta. Fue un robo escudado en la cobardía del que se sabe más fuerte.

E: Me encanta cuando te escudas en los eufemismos mi querido amigo. Fuiste un histrión aquel día y además te dejaste llevar por tus prejuicios. ¿Viste acaso como el joven sustrajo del bolso de la dama el sobre con el dinero?

G: No. Pero aquella dama así lo afirmaba y su reputación no hacía para nada sospechar que pudiera mentir. Sin embargo…

E: Sin embargo aquel pobre diablo no tenía reputación alguna que lo avalara, ¿no? Lo que lo convertía inmediatamente en culpable. Dime, ¿escuchaste los argumentos que en su defensa esgrimió el joven?

G: No, no los recuerdo. Es más, no recuerdo que dijera siquiera nada en todo el tiempo que estuvimos allí.

E: Ciertamente, no dijo nada… ¡Pero no por falta de ganas! Entre los gritos de la señora, los improperios de los demás paseantes y tus vehementes lecciones de moralidad apenas podía abrir la boca para tomar una bocanada de aire.

G: ¿Me estas diciendo que la dama mintió?

E: No. Te estoy diciendo que aquel día te mostraste como eres: prejuicioso y agresivo.

G: Pero el chico era un ladrón merecía este escarnio y aún más.

E: Te vuelves a equivocar. En todo además…

G: En este momento estoy totalmente desconcertado. ¿Te importaría, mi amigo, desenmarañar todo este lío?

E: Por supuesto. Primero te equivocas al juzgar al joven como un ladrón puesto que no es tal. Más tarde se demostró que el dinero pertenecía al joven y que el dinero de la dama ésta lo había perdido en una tienda pocos instantes antes. Poco después que te apartara del lugar viendo como trascurrían los acontecimientos y te acompañara a un coche que te llevara a casa volví al mismo lugar. Allí había una chica de la tienda que, en ese mismo instante, le devolvía el sobre con dinero a la dama “afrentada” que había perdido en dicho establecimiento y con el que no habían reparado hasta un tiempo después que la dama saliera. Y en segundo lugar tu error está en centrar la discusión sobre la culpabilidad o no del joven en un robo, cuándo lo que discutíamos era sobre si tú te mostrabas en ocasiones de forma histriónica y prejuiciosa.

G: Sinceramente desconocía el desenlace de la historia, pero como podía saber yo la inocencia del joven. No me parece bien que me reprimas debido a mi desconocimiento de los hechos.

E: Primero, no te reprimo. Y segundo te muestro como actúas con prejuicios. ¿O acaso juzgar algo o a alguien desconociendo la realidad de lo hechos, como tú acabas de afirmar, no es prejuzgar? Amigo mío no escondas lo evidente: eres prejuicioso, tanto como yo lo soy.

G: Lo siento. No estoy de acuerdo del todo contigo, no creo que actúe realmente con prejuicio alguno.

E: En realidad no esperaba otra respuesta diferente a esta amigo mío. Por cierto, ¿te fijaste aquel mismo día en aquella hermosa joven de ojos verdes que miraba la escena con rostro entre perplejo y apenado? En verdad que nunca había visto ojos más claros y brillantes que aquellos. Sin duda su visión me alegro aquel día y el día de hoy al volver a recordarlos.

G: No la recuerdo, sinceramente. ¿De verdad era tan hermosa como cuentas? Lástima no haberla visto.

E: La pregunta era más bien retórica en este caso, pero debo decirte que no me sorprende tu respuesta. Y sí, era muy hermosa, o quizás no lo fuera tanto, pero en aquel mismo instante me pareció, y aún así perdura en mi memoria, como la mujer más hermosa que jamás haya visto.

G: Dime una cosa querido Enrique, creo que con todo esto has querido decirme algo más pero no alcanzo a saber el qué.

E: ¡Ay, mi amigo! Si tú mismo no eres capaz de ver lo que he querido decirte no seré yo quien haga ese esfuerzo por ti. Quizás mañana lo descubras, quizás pasado mañana o quizás nunca quien sabe. Todo depende de ti querido Guillermo, todo depende de ti.

Dime, ¿te apetece tomar una copa de coñac mientras hablamos sobre la decadencia de la pintura actual?

G: ¡Por supuesto! No hay nada que me produzca más satisfacción que el dialogar en buena compañía y acompañado por una buena copa de licor.

E: No se hable más pues. Acompáñame al salón que allí estaremos más cómodos.

dijous, d’agost 04, 2005

Stirner 0, Housemartins 4

Maldigo la rutina. Maldigo aún más el efecto anestésico que provoca. Maldigo la espiral viciosa en que se convierte. Maldigo el insoportable peso del hábito. No hay nada nuevo a la vista. No hay nada. No entiendo como la gente sobrelleva esta tediosa monotonía.

Algo así me bailaba por la cabeza el otro día, es un suceso no poco frecuente en mi y algo que me agobia, que no me gusta. Acostumbro a tomármelo todo con cierto estoicismo, a verlo en perspectiva y siempre con una cierta y asumida resignación. Pero hay veces que el desánimo le puede a uno. En estos momentos uno toma dos vías, sumirse en el lodo y revolcarse en él hasta que cataliza esa angustia o, por contra, intenta sublimarlo a través de algún aliciente. Por la immediatez se tiende a recurrir en estos casos al cine o a la música. Aquel día como remedio me ví, sin darme cuenta, poniendo el London 0, Hull 4 de los Housemartins: "ellos me animaran un poco" me dije. Iluso.

Nunca antes me había fijado en lo deprimentes de las letras de este disco y como paradójicamente la alegría de sus (algunas)melodías contrasta enormemente con el contenido de las composiciones. Happy Hour (que título tan irónico), un tio esclavizado por el trabajo, con un sueldo mísero, que no se come un torrado y además tiene que soportar al fanfarrón de su jefe y sus compañeros de trabajo. Después unas cuantas canciones cantando las miserias del capitalismo, las desigualdades que existen y la apatía REAL de la gente enfrente de éstas. Y, finalmente, la puntilla: Think for a minute!.

Something's going on, a change is taking place
Children smiling in the street have gone without a trace
This street used to be full, it used to make me smile
And now it seems that everyone is walking single file

And many hand their heads in shame
That used to hold them high
And those that used to say hello
Simply pass you by

Think for a minute, Stop for a minute
Think for a minute, Stop for a minute

I always said it could, they never though it would
The people look so pitiful, I'm thinking that it should
And now it's almost here, now its on its way
I can't help saying told you so and have a nice final day

And nothing I could say
Could ever make them see the light
Now apathy is happy that
It won without a fight

Think for a minute, Stop for a minute
Think for a minute, Stop for a minute

And many hang their heads in shame that used to hold them high
{Think for a minute}
And those that used to say hello simply pass you by
{Stop for a minute}

Think for a minute, Stop for a minute
Think for a minute, Stop for a minute

Pues eso, la alegría de la huerta: "now apathy is happy that it won without a fight", justo lo que necesitaba oir hoy.

Me voy a escuchar a Torrebruno y su "Rocky Chaparro", ese sí sabía lo que era dar ánimos. Al menos de niño es lo que escuchaba y no tenía ninguna crisis de éste tipo. Aunque, ahora que lo pienso, ¿no será lo de ahora consecuencia de haber escuchado en su tiempo incansdablemente la cassette de Torrebruno?

Dudosos y apáticos saludos desde mi gris redil.

dijous, de juliol 14, 2005

El esplendor de la ruina

Este es el título de una exposición que se ha inaugurado el pasado 12 de julio en la "Fundació Caixa de Catalunya" situada en La Pedrera y que tiene a la ruina como elemento vehicular de una serie de pinturas que abarcan desde el siglo XVI al XIX además de un par de cortometrajes que situan la ruina en la contemporaneidad.

Más allá de la calidad artística o del cómo se consigue o no refrendar mediante las obras el discurso que vertebra la exposición, lo que más me apetece aquí es reflexionar alrededor de lo evocador de la ruina y si dicha evocación es fruto de la ruina per se o bien si ésta depende de otros factores ajenos.

Por lo general el mirar atrás siempre se corresponde con un cierto sentimiento de nostalgia dolor por aquello pasado que ya nunca volverá, y también por una cierta angustia vital al ver que el tiempo pasa indefectiblemente, que cada día el fin está más cerca y que no hay nada al respecto que se pueda hacer. En este sentido la ruina se erige como el símbolo aglutinador más representativo del tempus fugit y del Paraíso perdido.

Ahora bien, uno repasando las obras expuestas y recordando algunas más, aunque de forma poco precisa, se da cuenta que esta simbología requiere de un contexto específico para ser efectiva y precisa. El contexto en cuestión lo proporciona tan sólo un elemento y es éste además el que le da al conjunto un sentido u otro. El elemento en cuestión no es otro que el hombre. Tan sólo a través de la referencia humana la ruina pasa de aparecer como algo puramente paisajístico o científico a algo mucho más trascendental, pasa de ser (casi) un mero icono a un símbolo mucho más complejo. Después factores como la escala, la composición o las actitudes le dan la multiplicidad de visos que pueda tener; desde la ruina como aquel Paraíso perdido hasta su concepción más existencial, pasando por su concepción más ligera como elemento evocador de una cierta nostalgia.

En definitiva, que el esplendor de la ruina viene siempre irremediablemente ligada a la decrepitud del hombre. Tan sólo con este contraste emerge el esplendor, siendo además más fulgurante cuánto más marcada sea dicha antítesis.