Gustar, conocer, saber, opinar
Hay cierta tendencia entre algunos que acostumbran a fundir estos tres términos (gustar, conocer, saber) conviertiéndolos en poco menos que sinónimos. El proceso deductivo que usan es el siguiente: a ti te gusta algo, ergo lo conocerás, ergo sabrás, ergo estarás legitimado para opinar y hablar. Este encadenamiento que podría ser válido en el campo científico y técnico viene aplicándose a terrenos mucho más prosaicos. Me refiero, en este caso, al mundo de las artes en la vertiente del espectador y pienso, sobretodo, en el campo del cine y de la música.
Parece ser que para demostrar que te gusta el cine debas demostrar también que lo conoces en profundidad y eso no es así. No debe confundirse el cinéfilo, aquel que gusta del cine, del "filmólogo" o el erudito de cine. Uno puede disfrutar de algo sin necesidad de conocer nada, incluso desde cierta perspectiva kantiana sería deseable este desinterés por lo que se mira a través del desconocimiento de todo agente externo que lo envuleve. Parece que uno no pueda decir si le parece buena o mala una película si no demuestra conocer antes la filmografía del director, con quién se acuesta la script o cómo se llamaba la encargada de coserle los bajos del pantalón a los actores de reparto. Sucede lo mismo con la música, uno debe conocer bien la trayectoría del bajista para poder opinar sobre si lo que escucha es bueno o malo, o mejor si le gusta o no. Este es otro vicio del pseudo-erudito confundir gusto con juicio de valor objetivo, cuándo son cosas distintas.
Para hacernos una idea de lo demencial de esta postura podemos establecer un caso comparativo con algo tan prosaico también y tan necesario como la cocina; cambiamos vista y oido por gusto, al fin y al cabo todo se limita a aquello que lo sensorial despierta en nosotros. Desde el punto de vista del intransigente sería cuánto menos atrevido decir "estos macarrones me gustan, están muy buenos" si antes no conocieras la historia de la pasta, la llegada del tomate a europa, o la evolución que dicho plato ha sufrido a lo largo de los años. Huelga decir que el más purista, achacaría además el hecho de ser un plato de confección demasiado tradicional, de gusto vulgar, que no tendría parangón a una desconstrucción de penne con texturas de sofrito y caviar de ternera de la Pampa.
Todo esto viene a colación por una cierta sensación de malestar que me producen estas actitudes altivas, me incomodan bastante. Me gusta el cine, disfruto con él, me enriquece, me emociona, me fascina y lo mismo me sucede con la música. Sin embargo no me preocupo lo más mínimo por todo lo que lo envuelve, no me interesa ser un erudito, tan sólo quiero disfrutarlo a mi manera. No es necesario que sepa como se llama el director de fotografía para poder apreciar su trabajo. Todo mi conocimiento en estos campos, lo qué sé, es contingente, fruto del azar y de mi memoria caprichiosa y no de un afán por saber. Con esto, y para que no se malentienda mi intención, no pretendo criticar a aquellos que se preocupan por saber en estos campos, todo lo contrario. Lo que pretendo es criticar a todos aquellos que arropados por ese saber se creen legitimados para juzgar las opiniones de los demás. Creo que hasta del más necio se aprende y que toda opinión es, primero respetable y, segundo, aprovechable. La altivez y la pedantería son el gérmen de la necedad. Debo decir, para ser ecuánime, que he tenido la suerte de conocer a gente con gran conocimiento y que, sin embargo, se mostraban siempre respetuosos a la par que receptivos a las opiniones ajenas. De estas personas, a las que admiro, es de quien más he aprendido; no tan sólo en lo que respecta a conocimiento puro y duro sino también en tanto a como predisponerse intelectualmente.
Me gusta saber la opinión de la gente, me gusta escucharla, enriquecerme con sus aportaciones sin prejuicio alguno. Me gusta aprender, aprehender y, sobretodo, me gusta disfrutar.
P.D. Como algunos habreis observado he incluído un radio.blog. Lo iré actualizando cada tres semanas aproximadamente. Ahora mismo hay una selección de doce temas de los años sesenta que flirtean, cuándo no lo son de facto, con la psicodélia. No son los más ilustrativos, de hecho tampoco he pretendido que lo fueran. Para próximas entregas se aceptan gustosamente sugerencias... aunque después haré lo que a mi me plazca. :P


