dijous, juliol 14, 2005

El esplendor de la ruina

Este es el título de una exposición que se ha inaugurado el pasado 12 de julio en la "Fundació Caixa de Catalunya" situada en La Pedrera y que tiene a la ruina como elemento vehicular de una serie de pinturas que abarcan desde el siglo XVI al XIX además de un par de cortometrajes que situan la ruina en la contemporaneidad.

Más allá de la calidad artística o del cómo se consigue o no refrendar mediante las obras el discurso que vertebra la exposición, lo que más me apetece aquí es reflexionar alrededor de lo evocador de la ruina y si dicha evocación es fruto de la ruina per se o bien si ésta depende de otros factores ajenos.

Por lo general el mirar atrás siempre se corresponde con un cierto sentimiento de nostalgia dolor por aquello pasado que ya nunca volverá, y también por una cierta angustia vital al ver que el tiempo pasa indefectiblemente, que cada día el fin está más cerca y que no hay nada al respecto que se pueda hacer. En este sentido la ruina se erige como el símbolo aglutinador más representativo del tempus fugit y del Paraíso perdido.

Ahora bien, uno repasando las obras expuestas y recordando algunas más, aunque de forma poco precisa, se da cuenta que esta simbología requiere de un contexto específico para ser efectiva y precisa. El contexto en cuestión lo proporciona tan sólo un elemento y es éste además el que le da al conjunto un sentido u otro. El elemento en cuestión no es otro que el hombre. Tan sólo a través de la referencia humana la ruina pasa de aparecer como algo puramente paisajístico o científico a algo mucho más trascendental, pasa de ser (casi) un mero icono a un símbolo mucho más complejo. Después factores como la escala, la composición o las actitudes le dan la multiplicidad de visos que pueda tener; desde la ruina como aquel Paraíso perdido hasta su concepción más existencial, pasando por su concepción más ligera como elemento evocador de una cierta nostalgia.

En definitiva, que el esplendor de la ruina viene siempre irremediablemente ligada a la decrepitud del hombre. Tan sólo con este contraste emerge el esplendor, siendo además más fulgurante cuánto más marcada sea dicha antítesis.

dimarts, juliol 05, 2005

Menú de verano

A pesar de que diferenciamos cuatro estaciones hay determinadas cuestiones que hacen que el año se polarice, dividiéndose entre la época de calor y la de frío. Una de éstas es la comida; el verano arrincona los cocidos y los pucheros más calóricos para dar paso a las ensaladas y a toda suerte de platos fríos a la par que ligeros destinados a saciar el apetito pero evitando proporcionar más calor del que ya sufrimos por estas fechas. Esto provoca que en verano haya platos que apetezcan más que otros, platos recurrentes de este periodo estival.

Una cosa similar me sucede con la música. El verano acostumbra a ser una época dónde tiendo a recuperar discos o temas que el resto del año permanecen casi relegados al ostracismo. El porqué no lo sé. Mejor, no sé raconalizarlo, tan sólo se que de repente me apetece volver a ellos. Seré una especie de ave migratoria musical, no sé. El caso es que a colación de esto he actualizado (por fin) el radio blog con diez temas de esos a los que vuelvo, casi exclusivamente, todos los veranos. Mi intención inicial era seleccionar doce, como en la ocasión anterior, pero al ser algunos de los temas bastante largos he preferido que se quedaran en diez.

Espero que los disfrutéis.

Este artículo y los temas seleccionados te los dedico a tí Helena, por ser deliciosamente insistente.



P.D. El próximo articulo está al caer. Seguramente estará relacionado con la exposición que se hace en Barcelona sobre Die Brücke y que tengo planeado visitar antes de este fin de semana.